—¿Qué quiere usted?—le dijo Manuel.
—Tengo entendido que hay una reunión de anarquistas aquí y vengo á hacer un registro.
—¿Trae usted auto del Juez?
—Sí, señor. Traigo también orden de prender á Juan Alcázar.
—¡A mi hermano! Ha muerto.
—Está bien; pasemos.
Entraron los tres policías en el comedor sin quitarse el sombrero. Al ver la gente allí reunida uno de ellos preguntó:
—¿Qué hacen ustedes aquí?
—Estamos velando á nuestro compañero—contestó el Libertario—. ¿Es que está prohibido?
El principal de los polizontes, sin contestar, se acercó al cadáver y lo contempló un instante.