—¿Cuándo lo van á enterrar?—preguntó á Manuel.
—Mañana á la tarde.
—Es usted su hermano, ¿verdad?
—Sí.
—A usted le conviene que no haya atropellos, ni escándalos; ni ninguna manifestación en el entierro.
—Está bien.
—Nosotros haremos lo que nos parezca—dijo el Libertario.
—Tenga usted cuidado de no ir á la cárcel.
—Eso lo veremos—y el Libertario metió la mano en el pantalón y agarró su revólver.
—Bueno—dijo el polizonte dirigiéndose á Manuel—; usted es hombre de buen sentido y atenderá mis indicaciones.