—No; ya ve usted.
—Pero bajará.
—Creo que sí.
El jorobado salió al portal y gritó varias veces:
—¡Señá Ignacia! ¡Señá Ignacia!
—Ya vamos—contestaron de arriba.
—¿Tú querrás jugar?—preguntó el barbero á Manuel.
—Hombre... la verdad; no me distrae.
—¿Y tú?—añadió, dirigiéndose á su hijo.