—Será algún pintor—dijo.
—Mal tiempo ha escogido para pintar—repuso el señor Canuto.
El joven, después de mirar y remirar la casa, se decidió á meterse en el portal.
—Vamos á ver lo que quiere—murmuró Manuel, y abriendo la puerta del cuarto salió al zaguán en donde estaba el joven de las melenas, seguido de un perro negro de lanas finas y largas.
—¿Vive aquí Manuel Alcázar?—preguntó el joven de las melenas, con ligero acento extranjero.
—¡Manuel Alcázar! ¡Soy yo!
—¿Tú?... Es verdad... ¿No me conoces? Soy Juan.
—¿Qué Juan?
—Juan... tu hermano.
—¿Tú eres Juan? ¿Pero de dónde vienes? ¿De dónde has salido?