—Lo dices á cada paso—añadió la Salvadora.
—Bueno. ¡Qué opinión tienen de uno las mujeres! Aprende aquí, Juan. No vivas nunca con ninguna mujer.
—Con ninguna mujer decente, quiere decir—interrumpió la Salvadora con amable ironía—; si es con una golfa, sí. Esas tienen muy buen corazón, según dice éste.
—Y es verdad—repuso Manuel.
—Ya se desengañará—exclamó la Ignacia.
—No le haga usted caso—murmuró la Salvadora—; habla por hablar.
Manuel se echó á reir de tan buena gana, que los demás rieron con él.
—Tengo que hacer un busto de usted—dijo de pronto el escultor á la Salvadora.
—¿De mí?
—Sí, la cara solamente; no se alarme usted. Cuando tenga usted tiempo de sobra, lo empezaremos. Si lo concluyera en este mes, lo llevaría á la Exposición.