—¿Pues qué, tiene mi cara algo de particular?

—Nada—dijo Manuel burlonamente.

—Ya, ya lo sé.

—Sí tiene de particular, sí, mucho. Ahora que será muy difícil coger la expresión.

—Sí que será difícil, sí—dijo Manuel.

—¿Por qué?—preguntó la Salvadora algo ruborizada.

—Porque tienes una cara especial. No eres como nosotros, por ejemplo, que siempre somos guapos, elegantes, distinguidos...; tú no, un día estás fea y desencajada y flaca, y otro día de buen color, y casi casi hasta guapa.

—¡Qué tonto eres, hijo!

—¿Será muy nerviosa?—preguntó Juan.

—No—replicó la Ignacia—; es que trabaja como una burra, y así se va á poner mala; ya lo ha dicho el señor Canuto. Una enfermedad viene con cualquier cosa...