—Bueno; á las cinco estaré aquí.
Salieron de casa los Rebolledos, el señor Canuto y Juan, y en la puerta se despidieron.
CAPÍTULO IV
El busto de la Salvadora.—Las impresiones de Kis.—Malas noticias.—La Violeta.—No todo es triste en la vida.
El busto de la Salvadora, hecho por Juan, fué, durante un mes, el acontecimiento de la casa. Todos los días variaba el retrato; unas veces, era la Salvadora melancólica; otras, alegre; tan pronto imperiosa como lánguida; con la mirada abatida, como con los ojos fijos y relampagueantes.
Había entre los críticos de la casa disparidad de pareceres.
—Ahora está bien—decía el señor Canuto.
—No; ayer estaba mejor—replicaba Rebolledo.