—Yo no sé, como no he visto nada—replicó ella sonriendo.
Desde una loma se veían unos merenderos hundidos entre árboles. Se oía rumor de organillos.
—Vamos á meternos en uno de éstos—dijo Juan.
Bajaron hasta llegar frente á un arco con este letrero:
Á LOS PLACERES DE VENUS
(HAY PIANO Y MUCHO MOVIMIENTO)
—No vaya á venir aquí golfería—dijo Manuel á su hermano.
—Quia, hombre.
Entraron, y por una rampa en cuesta entre boscaje, bajaron á un cobertizo de madera, con mesas rústicas, espejos y unas cuantas ventanas con persianas verdes. A un lado, había un mostrador como de taberna; en medio un organillo con ruedas.
No había más que tres ó cuatro mesas ocupadas, y en el mostrador un viejo y varios mozos de café.