—¿A ti? ¿Para qué?
—Hombre, tengo ya desde hace tiempo la idea de tomar una imprenta en traspaso.
—¿Pero vives mal así?
—No.
—¿Tantas ganas tienes de ser propietario?
—Todo el mundo quiere ser propietario.
—Yo, no.
—Pues yo, sí; me gustaría tener un solar, aunque no sirviera para nada, sólo para ir allá y decir: esto es mío.
—No digas eso—replicó Juan—; para mí ese instinto de propiedad es lo más repugnante del mundo. Todo debía ser de todos.
—Que empiecen los demás dando lo que tienen—dijo la Ignacia terciando en la conversación.