Luego había que hacer una porción de diligencias, había que pedir permiso en el Ayuntamiento para las cosas más fútiles, y Manuel andaba hecho un zarandillo de un lado á otro.

Tras de muchas dilaciones y contratiempos, pudo trasladar la máquina y las cajas, y notó que le habían robado casi la mitad de la letra. El motor eléctrico hubo que componerlo. Por fin se arregló todo; pero no había trabajo. La Ignacia, se lamentaba de que su hermano hubiese perdido su buen jornal; la Salvadora, siempre animosa, confiaba que vendría el trabajo, y Manuel se pasaba las horas en la imprenta, flaco, triste, irritado.

Hizo anuncios que repartió por todas partes; pero los encargos no venían.

CAPÍTULO VII

El amor y la debilidad.—Las intermitentes y las golondrinas. El bautizo de S. M. Curda I en una imprenta.

A consecuencia de la fatiga y de las preocupaciones, Manuel comenzó á encontrarse malo. Sentía un gran desmadejamiento en todo el cuerpo; apenas dormía y estaba siempre febril. Una tarde la fiebre se hizo tan alta que tuvo que guardar cama.

Pasó la noche con un colenturón terrible, en una somnolencia extraña, despertándose á cada momento con sobresaltos y terrores.

A la mañana siguiente se encontraba mejor, sólo de cuando en cuando algún escalofrío le recorría por el cuerpo.