—En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo—gritó—, te bautizo y te doy el nombre de Curda I, rey de todas las Cogorzas, príncipe de la Jumera, conde de la Tajada y señor de la Papalina.

El de la sartén comenzó á golpearla furiosamente.

—¡Silencio!—exclamó Jesús con voz vibrante—. Pueblo de Madrid: ¿juras defender á Su Majestad Curda I, á todas horas y en todos los momentos?

—Sí, sí—gritaron los cuatro, enarbolando escobas, espadas y sartenes.

—¿Reconoceréis como vuestro legítimo rey y soberano á Su Majestad Curda I?

—Sí, sí.

—¿Juráis dar vuestras haciendas y vuestras vidas á Su Majestad Curda I?

—Sí, sí.

—¿Juráis derramar vuestra sangre en los campos de batalla por Su Majestad Curda I?

—Sí, sí.