—Vamos.
Bajaron a la calle de Alfonso XII y entraron en el Retiro; llegaron hasta el final del paseo de coches, y allí se sentaron en un banco.
—Por aquí andaremos nosotros en carruaje cuando yo sea millonario—dijo Roberto.
—Usted...; lo que es yo—replicó Manuel.
—Tú también. ¿Te crees tú que te voy a dejar comer en el cuartel cuando tenga millones?
—La verdad es que estará chiflado, pero tiene buen corazón—pensó Manuel—; luego añadió:—¿Han adelantado mucho sus cosas?
—No, mucho, no; todavía la cuestión está embrollada; pero ya se aclarará.
—¿Sabe usted que el titiritero aquel del fonógrafo—dijo Manuel—vino con una mujer que se llamaba Rosa? Yo fuí a buscarle a usted para ver si era la que usted decía.
—No. Esta que yo buscaba ha muerto