—¿Entonces el asunto de usted se habrá aclarado?

—Sí; pero me falta dinero. Don Telmo me prestaba diez mil duros, a condición de cederle, en el caso de ganar, la mitad de la fortuna al entrar en posesión de ella, y no he aceptado.

—Qué disparate.

—Quería, además, que me casase con su sobrina.

—¿Y usted no ha querido?

—No.

—Pues es guapa.

—Sí; pero no me gusta.

—¿Qué? ¿Se acuerda usted todavía de la chica de la Baronesa?

—¡No me he de acordar! La he visto. Está preciosa.