—Un machacante—dijo, dando con la moneda en el suelo—. Acertó la carta y ganó.
El Pastiri hizo un gesto de fastidio.
Apostó el paleto otro duro y lo perdió; miró angustiado a sus paisanos, sacó otro duro y lo volvió a perder.
En aquel momento se acercó un guardia y se disolvió el grupo; al ver el movimiento de fuga del Pastiri, el paleto quiso sujetarle, agarrándole de la americana; pero el hombre dió un tirón y se escabulló por entre la gente.
Manuel, Vidal y el Bizco salieron por la plaza del Rastro a la calle de Embajadores.
El Bizco tenía cuatro pesetas, Manuel seis y Vidal catorce.
—¿Y qué le vamos a devolver a ése?—preguntó el Bizco.
—¿Devolver? Nada—contestó Vidal.
—Le vamos a apandar la ganancia del año—dijo Manuel.
—Bueno; que lo maten—replicó Vidal—. Pa chasco que nos fuéramos nosotros de rositas.