—Por aquí—dijo Vidal—pasan muchos traperos y basureros a La Elipa. Al primero que veamos le ofrecemos esto.

—Si nos diese tres duros—murmuró el Bizco.

—Sí, hombre.

Esperaron un rato y no tardó en pasar un trapero con un saco vacío en dirección a Madrid. Le llamó Vidal y le propuso la venta.

—¿Cuánto nos da usted por estas cosas?

El trapero miró y remiró lo que había en el lío, y después en tono de chunga y manera de hablar achulapada preguntó:

—¿Dónde habéis robao eso?

Protestaron los tres socios, pero el trapero no hizo caso de sus protestas.

—No os puedo dar por to más que tres pesetas.

—No—contestó Vidal—; para eso nos llevamos el lío.