—Bueno. Al primer guardia que encuentre le daré vuestras señas y le diré que sus lleváis unas cosas robás.

—Vengan las tres pesetas—dijo Vidal—; tome usté el lío.

Tomó Vidal el dinero, y el trapero, riéndose, el envoltorio.

—Cuando veamos al primer guardia le diremos que lleva usted unas cosas robás—le gritó Vidal al trapero—. Alteróse éste y empezó a correr detrás de los tres.

¡Esperaisos! ¡Esperaisos!—gritaba.

—¿Qué quiere usté?

—Dame mis tres pesetas y toma el lío.

—No; denos usté un duro y no decimos nada.

—Un tiro.

—Denos usté aunque no sea mas que dos pesetas.