Llamó en el cuarto de don Telmo y se preparó a tardar el mayor tiempo posible allí, para oír todo lo que pudiese de la conversación. Limpió el velador del cuarto de don Telmo con un paño.
—¿Y cómo averiguó usted eso—preguntaba don Telmo—si no lo sabía su familia?
—Pues de una manera casual—replicó el estudiante—. Hará dos años por esta época quise yo hacer un regalillo a una hermana, que es ahijada mía, y a quien le gusta mucho tocar el piano, y se me ocurrió, tres días antes de su santo, comprar dos óperas, encuadernarlas y enviárselas. Yo quería que encuadernasen el libro en seguida, pero en las tiendas donde entré me dijeron que no había tiempo; iba con mis óperas bajo el brazo por cerca de la plaza de las Descalzas, cuando veo en la pared trasera de un convento una tiendecilla muy pequeña de encuadernador, como una covachuela, con escaleras para bajar. Pregunto al hombre, un viejo encorvado, si quiere encuadernarme el libro en dos días, y me dice que sí. Bueno—le digo—, pues yo vendré dentro de dos días.—Se lo enviaré a usted; deme usted sus señas—. Le doy mis señas y me pregunta el nombre. Roberto Hasting y Núñez de Letona.—¿Es usted Núñez de Letona?—me pregunta, mirándome con curiosidad.—Sí, señor.—¿Es usted oriundo de la Rioja?—Sí, ¿y qué?—le digo yo, fastidiado con tanta pregunta—. Y el encuadernador, cuya mujer es Núñez de Letona y oriunda de la Rioja, me cuenta la historia ésta que le he dicho a usted. Yo, al principio, lo tomé a broma; luego, al cabo de algún tiempo, escribí a mi madre, y me contestó que sí, que recordaba algo de todo esto.
Don Telmo paró la vista en Manuel.
—¿Qué haces tú aquí?—le preguntó—. Anda fuera; no quiero que vayas contando después...
—Yo no cuento nada.
—Bueno, pues márchate.
Salió Manuel, y don Telmo y Roberto siguieron hablando. Los huéspedes interrogaron a Manuel, pero éste no quiso decir nada. Se había decidido por el bando de los sensatos.
Con esta amistad del viejo y el estudiante el servicio de espías siguió funcionando. Uno de los comisionistas averiguó que don Telmo celebraba contratos de retroventa y se dedicaba a prestar dinero sobre casas y muebles y a otros negocios usurarios.