Celebraron los circunstantes la frase, que procedía de una zarzuela, y el de la gorra siguió explicando a Manuel particularidades de la Doctrina.

—Hay algunas y algunos que se inscriben en dos y en tres secciones para coger más veces limosnas—dijo—. Nosotros, mi padre y yo, nos inscribimos una vez en cuatro secciones con nombres distintos... ¡Vaya un lío que se armó! Y ¡menudo choteo que tuvimos con las marquesas!

—Y ¿para qué querías tanta sábana?—le preguntó Manuel.

—¡Toma!, para pulirlas. Se venden aquí en la misma puerta a dos chulés.

—Yo voy a comprar una—dijo un cochero de punto que se acercó al corro—; la unto con aceite de linaza, luego la doy barniz, y hago un impermeable cogolludo.

—Pero las marquesas, ¿no notan que la gente vende en seguida lo que ellas dan?

—¡Qué han de notar!

Para los golfos todo aquello no era mas que un piadoso entretenimiento de las señoras devotas; hablaban de ellas con amable ironía.

No llegó a durar una hora la lección de doctrina.