—Sí—respondió la dama.
Tomaron por el arroyo de Embajadores, y subieron por el paseo de las Acacias. Arreciaba la lluvia; alguna que otra luz mortecina brillaba a lo lejos; en el cielo, obscurísimo, se destacaba, de una manera vaga, la silueta alta de una chimenea...
Acompañaron Leandro y Manuel hasta la plaza del Rastro a Fanny y a Roberto, y allí se despidieron, cambiando un apretón de manos.
—¡Qué mujer!—exclamó Leandro.
—Es simpática, ¿eh?—preguntó Manuel.
—Sí es. Daría cualquier cosa por tener algo que ver con ella.
CAPÍTULO VI
Roberto en busca de una mujer.—El «Tabuenca» y sus artificios.—Don Alonso o el «Hombre boa».
Unos meses después se presentó Roberto en la Corrala, a la hora en que Manuel y los de la zapatería tornaban de su trabajo.
—¿Tú conoces al señor Zurro?—preguntó Roberto a Manuel.