Por motivo de estas discusiones, hubo días en los cuales Manuel apenas cruzó unas cuantas palabras con Jesús, y se dedicó á charlar con Jacob y á hacerle preguntas acerca de su país.
A Jacob, á pesar de que según decía no le había ido muy bien en su tierra, le gustaba hablar de ella.
Era de Fez y tenía un entusiamo grande por esta ciudad.
La pintaba como un paraíso lleno de huertas con palmeras, limoneros y naranjos, cruzada por riachuelos cristalinos. En Fez, en el barrio de los judíos, pasó Jacob su infancia, hasta que entró al servicio de un comerciante rico, que negociaba en Rabat, Mogador y Saffi.
Jacob, con su imaginación viva y su modo de hablar exagerado, pintoresco y lleno de imágenes, daba la impresión de la realidad cuando hablaba de su país.
Pintaba el paso de las caravanas compuestas de camellos, asnos y dromedarios. Describía éstos con sus cuellos largos y su cabeza pequeña, que se balancea como la de las serpientes, con los ojos apagados que miran al cielo; y al oirle mientras peroraba se creía estar atravesando aquellos arenales blancos, en donde el sol ciega. Describía también los mercados constituídos en la confluencia de unas cuantas sendas y caracterizaba á la gente que acudía á ellos; los moros de las cabilas próximas con sus fusiles, los encantadores de serpientes, los hechiceros, los narradores de cuentos de las Mil y una noches, los médicos que sacan los gusanos de los oídos.
Y al retirarse las caravanas, al alejarse unos y otros por las sendas, jinetes en sus caballos y en sus mulas, Jacob imitaba los graznidos de los cuervos que acudían en bandadas al lugar del mercado y lo cubrían de una capa negra.
Pintaba el efecto que causaba ver treinta ó cuarenta bereberes á caballo, con melenas largas, armados de espingardas, y que, al pasar un judío, escupían en el suelo; la vida sin seguridad; por los caminos, gentes sin ojos y sin brazos, castigados por la justicia, pidiendo limosna en nombre de Muley Edris, y durante el invierno, el paso peligroso de los ríos, los anocheceres en la puerta del aduar, mientras se preparaba el cus-cus, tocando el guembrí y cantando canciones soñolientas y tristes.
Un sábado, Jacob le convidó á Manuel á comer en su casa.
Vivía el judío en el barrio de Pozas, en una casucha de una callejuela próxima al paseo de Areneros.