—¿Has cenado?—preguntó Vidal.
—No; pero ya he encargado la cena. ¿Y tus padres?
—Estarán bien.
—¿No los ves?
—No.
—¿Y el Bizco?
Vidal palideció profundamente.
—No me hables del Bizco—dijo.
—¿Por qué?
—No, no; le tengo un miedo horrible. ¿Tú no sabes lo que pasó?