—¡Eso!
—¡Ahí la visagra!
—¡Esa tripita!
Concluyó el baile y hubo una tempestad de aplausos.
—¡Tango! ¡Tango!—gritaban todos como energúmenos.
Manuel, con los ojos brillantes, aplaudía y gritaba entusiasmado.
—¡Viva la lujuria!—vociferaba un joven al lado de Manuel.
Volvió la bella Pérez á bailar el tango. Detrás de la butaca de Manuel y Vidal, una muchacha mecía en sus brazos á una niña, con la cara llena de costras. La muchacha, señalando á la bella Pérez, decía á la niña:
—Mira, mira á mamá.
—¿Es la madre de esta chica?—preguntó Manuel.