Un par de semanas después muy temprano aún dormía Manuel en el sofá del estudio, y Roberto, según costumbre, traducía sus diez páginas, lo que constituía su tarea diaria, cuando se abrió la puerta del estudio y apareció Bernardo. Se despertó Manuel al ruido de los pasos, pero se hizo el dormido.

—¿A qué vendrá éste?—se preguntó.

Bernardo saludó á Roberto y se puso á andar á un lado y á otro del estudio.

—Qué temprano vienes. ¿Pasa algo?—dijo Hasting.

—Chico—murmuró Santín deteniéndose en su paseo—, te tengo que dar una noticia muy seria.

—¿Qué hay?

—Que me caso.

—¡Que te casas tú!

—Sí.

—¿Con quién?