—Absolutamente ninguna—contestó el Garro.

—¿Es primo del muerto?

—Sí, señor.

—¿Y conoce al Bizco?

—Sí, ha sido amigo suyo.

—¿Podría ayudar á la policía á capturar al Bizco?

—De esto yo me encargo. ¿Se le pone en libertad al preso?

—Sí. Necesitamos coger al Bizco. ¿No se sabe dónde anda?

—Andará escondido por las afueras.

—¿No hay algún agente que conozca bien los rincones de las afueras?