—En el hospital.

—¿Qué tiene?

—El pecho... ya está mejor... Pasa luego por casa. Vivimos en el callejón del Mellizo, cerca de la calle de la Arganzuela.

—Bueno.

—Adiós, ¿eh?

—Adiós y muchas gracias.

Dieron el Garro y Manuel la vuelta á la esquina y entraron en un portal con dos leones de bronce y subieron una corta escalera.

—¿Qué es esto?—preguntó Manuel.

—Esta es la casa de Canónigos.

Recorrieron un pasillo con mamparas negras, y en un cuarto en donde escribían dos hombres, el Garro preguntó por el Gaditano.