—Tenía que ver á unas amigas.
—Aquí no hay amigas que valgan. ¿Quiénes son ellas?, algunas golfas...
—No; son las hermanas de un cajista compañero mío, que fueron mis vecinas en el parador de Santa Casilda.
—¡Ah!, pero ¿tú has vivido allí?
—Sí.
—Pues yo también. Las conoceré.
—No sé, son hermanas de un cajista que se llama Jesús.
—La Fea.
—Sí.
—La conozco. ¿Dónde vive?