—En el callejón del Mellizo.

—Aquí mismo está. Vamos á verla.

Salieron de casa; calle de la Arganzuela arriba estaba el callejón del Mellizo, próximo al matadero de cerdos. No había en el callejón, que en su principio tenía empalizadas á ambos lados y estaba obstruído por grandes losas puestas unas encima de otras, más que una casa grande en el fondo. Delante de la casa en un patio grande, trajinaban algunos cañis con mulas y pollinos; en las galerías asomaban gitanas negras y gitanillas de ojos brillantes y trajes abigarrados.

Preguntaron á un gitano por la Fea y les indicó el número 6 del piso segundo.

En la puerta del cuarto, un letrero, escrito en una cartulina, ponía: «Se cose á máquina.»

Llamaron y apareció un chiquillo rubio.

—Este es el hermano de la Salvadora—dijo Manuel.

Se presentó la Fea en la puerta y recibió á Manuel con grandes extremos de alegría, y saludó á Ortiz.

—¿Y la Salvadora?—preguntó Manuel.

—En la cocina; ahora viene.