De Casa Blanca, Ortiz y Manuel se dirigieron hacia las Peñuelas y Ortiz echó un largo párrafo con el sereno. Después recorrieron algunas tabernas del barrio en donde había gente, á pesar de tener las puertas cerradas.
Al pasar por la calle del Ferrocarril el sereno señaló el sitio donde se había encontrado descuartizada á la mujer del saco. Hablaron Ortiz y el sereno de éste y de otros crímenes cometidos allá cerca y se despidieron.
—Este sereno es un barbián—dijo Ortiz—ha acabado con los matones de las Peñuelas á garrotazos.
Era ya tarde después de la visita á las tabernas, y Ortiz estimó que podrían dejar la campaña para el día siguiente. Se quedó él en el Campillo del Mundo Nuevo y Manuel, atravesando medio Madrid, se fué á su casa.
Por la mañana temprano marchó á la imprenta, y al advertir que por la tarde no podía ir, le despidieron.
Manuel fué á comer á casa de la Fea.
—Me han despedido de la imprenta—dijo al entrar.
—Habrás ido tarde—saltó la Salvadora.
—No, sino que Ortiz me dijo ayer que esta tarde tenía que ir con él, y lo he advertido en la imprenta y me han despedido.
—Si hasta que esté arreglado eso no puedes empezar á hacer nada—dijo la Fea.