—¿A ti te importaría algo escribir lo que voy á dictarte?
—Hombre, según lo que sea.
—Se trata de que me pongas una carta diciéndome que no te llamas Sergio Figueroa, sino Manuel Alcázar.
—¿Y para qué quiere usted que le escriba eso? Si usted lo sabe tan bien como yo—contestó cándidamente Manuel.
—Es una combina que me traigo.
—Y yo, ¿qué voy ganando en eso?
—Te puedes ganar treinta duros.
—¿Sí? ¡Vengan!
—No, cuando el negocio esté terminado.
Viendo Mingote á Manuel tan propicio, le dijo que si se las apañaba para quitar á la baronesa los papeles falsificados de su identificación y se los entregaba, añadiría á los treinta veinte duros más.