six sous costaren les esclós.
Había, sin duda, en su canción, desprecio y burla. Como los antiguos cántabros en la cruz, el muchacho desafiaba la muerte con su actitud orgullosa. Alvarito sintió frío en todo el cuerpo.
—¡Es un valiente! —dijo uno de los soldados, riendo.
—¡Lástima! Guapo mozo —murmuró otro.
El pelotón se colocó a cinco o seis pasos.
—Apunten —gritó el teniente.
Luego levantó la espada y al bajarla disparó todo el pelotón. Ollarra cayó como herido por un rayo. Alvarito dio un salto; le pareció que estallaba una mina a sus pies.
El carlista, que se había acercado a la tapia, quedó un momento de pie y un sargento le remató de un tiro en la sien.
Manón sollozó y bajó el rostro, rendido por el dolor, y lo levantó bañado en lágrimas.
Luego desfiló la media compañía, tocando el tambor por delante de los tres cadáveres.