Alvarito fue a visitar a Rosa y a Madama Lissagaray, y les preguntó por Manón. Le contestaron ellas con indiferencia. Estaba en París, escribía muy poco a su abuelo, y, por lo que se decía, frecuentaba la alta sociedad. ¿Sus señas? No las sabían o no las querían decir.

Si refiriéndose a Manón se mostraron madre e hija indiferentes, en cambio con Álvaro estuvieron muy amables. Todos los arrumacos, todas las amabilidades de Rosa y de su madre no podían conseguir que Alvarito olvidase a la nieta de Chipiteguy.

Rosa se ruborizó con mucha frecuencia al hablar con el muchacho. No parecía sino que había pasado algo entre los dos desde que no se veían.

Dolores llamó la atención a su hermano sobre ello.

—Rosa está muy interesada por ti —le dijo.

Alvarito oyó la observación con indiferencia.

Otros días fue Álvaro a visitar a Rosa y a Madama Lissagaray con la esperanza de encontrar noticias de la parisiense.

Dolores intervenía con habilidad impidiendo que se mentara a Manón y al mismo tiempo intentaba que su hermano tomara actitud más apasionada con Rosa.

Unos días después, Dolores dijo que entre Madama Lissagaray y ella habían pensado si Alvarito podría ir de dependiente o de encargado al bazar El Paraíso Terrenal. Álvaro no tenía ocupación en casa de Chipiteguy.

Álvaro contestó que lo consultaría con el trapero. Al viejo le pareció la idea muy bien.