—Manón se casa por ser vizcondesa y por figurar. Olvídala.
—No es eso siempre fácil.
—Pues haz un esfuerzo. Manón es una mujer sin sentimientos. Tú debías casarte con Rosa.
El viejo Chipiteguy decía lo mismo.
—Tú debías de casarte con Rosita.
Álvaro le oía siempre con tristeza.
En su pequeño círculo todo el mundo iba viviendo bien y mejorando un poco, menos Chipiteguy y Alvarito, los dos unidos por su entusiasmo por Manón.
El viejo a fuerza de cariño por su nieta no había querido que viniera a Bayona antes de su boda y pensaba satisfecho que brillaba en París, aunque el tenerla lejos le entristecía.
Alvarito se encontraba siempre mal.
Algunas veces que el viejo habló de Manón él le preguntó: