—De aquí a Almazán tardaremos una semana. De Almazán a Cañete, por Teruel, puede usted ir en un par de días; pero quizá le pueda acompañar algún conocido de confianza. Yo le ofrezco a usted una mula que tengo libre, usted paga sus gastos y yo los míos. Usted se preguntará, pensando en mí: ¿Qué puede salir ganando este hombre con ir conmigo? Nada; tener un compañero de viaje amable.
—¡Muchas gracias!
—Ya se sabe lo que dice el refrán: «Compañía de dos, compañía de Dios». Conque piénselo usted. Yo mañana me voy.
—Le agradezco a usted mucho el ofrecimiento.
—Nada, nada. Usted esta noche me dice sí o no y tan amigos.
—El caso es que traigo equipaje bastante grande, una maleta y un maletín, que no creo que serán fáciles de llevar en un mulo.
—Pues si me quiere usted hacer caso a mí, no lleve usted más que el maletín. Una muda o dos y basta.
—¿Y qué hago con la maleta?
—La devuelve usted a su casa. Usted no sabe lo molesto que es llevar equipaje; que aquí la aduana, que allá los consumos... el policía que necesita ver si lleva usted papeles sospechosos. Es un martirio. En cambio, con el maletín va usted mejor, lo puede usted llevar en la mano. ¿Que se le estropea a usted una cosa? La compra usted en el camino y adelante.
—Sí, creo que tiene usted razón.