—Eso mismo que usted dice.

—Entre la niebla y el viento, aquí se hiela uno.

—Hay que seguir otro refrán, que sirve para todos los tiempos —añadió el señor Blas.

—¿Y cuál es?

—Es este: «Si quieres vivir bueno y sano, la ropa del invierno llévala en verano».

La niebla seguía espesándose; no se veía a dos pasos de distancia. Había que ir despacio. Al llegar, horas más tarde, a una casa del camino, el señor Blas dijo:

—Yo, por mi gusto, seguiría adelante hasta Almazán; pero todavía nos faltan tres leguas largas, y cuando oscurezca, con esta niebla y con el camino perro, lo vamos a pasar muy mal. Así que, si usted no tiene prisa, nos quedaremos por esta noche en la venta.

—A mí me parece muy bien.

—Bueno, pues vamos a la casa del Duende.

—¿Así se llama?