—Nada; tenía ganas de andar.

—¿Vendrá usted con nosotros?

—No; voy a seguir solo.

—¿Por qué? ¿Tiene usted miedo?

—No tengo que dar explicaciones.

La insistencia de los dos le convenció de su imprevisión de fiarse de gente desconocida. Alvarito se fue a ver al alcalde del pueblo, chalán que había estado en Bayona, quien le dijo que cortara toda relación con los dos tunantes y que unos días después podría seguir su viaje con un arriero de confianza.

VIII

REFLEXIONES SOBRE LAS FONDAS
MODERNAS Y ASÉPTICAS

En el prólogo de este libro hemos fantaseado, con más o menos ingenio, sobre la pintura, la novela y la filosofía aséptica, y ahora divagaremos un poco acerca de las fondas españolas, donde la asepsia tiene indudablemente más objeto que en los bodegones pintados y en la literatura.

Los franceses, con su habitual petulancia, nos han hablado de la pobreza y miseria de las posadas españolas y de las ventas; pobreza y miseria indudablemente cierta, aunque quizá sin los colores que les han dado ellos, llevados por la visión amanerada, que es peculiar y característica de nuestros vecinos.