Si la fonda aséptica se generaliza y aumenta aún más en antipatía, en aspecto funerario y en pedantería, nuestro grito va a llegar a ser este: ¡Viva la fonda séptica y la novela séptica e infecciosa, donde se encuentran cosas inesperadas, y vaya al diablo la teoría microbiana!

IX

EL CURA ADMIRADOR DE CABRERA

Molina de Aragón es un pueblo de cierto empaque aristocrático, con casas hermosas, calles bastante anchas y una gran fortaleza que volaron los franceses en la guerra de la Independencia, dejando de ella solamente varios torreones, altos y dramáticos.

Llegó Alvarito a Molina y fue a parar a una fonda de la plaza, en donde le destinaron una alcoba y un gabinete de papel rameado, con un loro charlatán en el balcón y una jaula dentro con dos canarios.

En medio del cuarto había un velador, y sobre él, algunos números encuadernados del Semanario Pintoresco Español, de El Museo de las Familias y de El Panorama.

Alvarito habló largo tiempo con la dueña de la casa y con sus hijas y logró inspirarlas confianza. La dueña, muy charlatana, le contó antiguas historias del año 1823, cuando estuvo en Molina el conde de España y mandó fusilar al general Bessieres.

Alvarito empezaba a saber tratar a la gente. Sabía ser amable y cortés, sin presentarse como el forastero que va a pedir o a sacar algo.

En general, quien visita los pueblos, tiene que dar la impresión de que va a algo concreto, y a poder ser, con un fin interesado y egoísta, porque eso se comprende bien por todo el mundo, y hasta presta cierta respetabilidad.

Si en una aldea a una persona se le ocurre decir que no lleva más objeto que ver el paisaje o la silueta de una montaña, se expone a que le tomen, por lo menos, por asesino.