El abogado le llevaba la contraria sin ninguna gracia y le recordó que no sabía multiplicar. El cura se jactó de ello. Al parecer don Juan, en vez de multiplicar, sumaba repetidas veces.

Dijo luego el cura que los escritores defensores de causas justas y sensatas se hacen aburridos a la larga, porque al cabo de algún tiempo sus doctrinas se convierten en lugares comunes.

La afirmación le pareció un enorme sofisma a Alvarito, pero no dijo nada en contra.

En vista de que no hablaba, don Juan Juvenal interpeló a Alvarito de una manera un tanto grosera e insolente y Álvaro contestó con discreción y prudencia.

Como el abogadillo balzaquiano se marchó a una tertulia, don Juan familiarmente invitó a Alvarito a ir a su cuarto a charlar y a fumar un cigarro.

En el cuarto del cura, un cuarto de bohemio, se veían los hábitos colgados en clavos, y entre ellos una guitarra. Amueblaban la habitación una mesa, un sillón frailero, una estantería llena de libros y muchos legajos de papeles y cartas sobre una consola, sobre el sofá, sobre las sillas, entre botas, cajas de puros, peines y botellas de tinta vacías.

En el suelo se amontonaban las colillas y los periódicos. La confusión y el polvo indicaban que el cura era hombre descuidado y poco limpio. Hablaron, o, mejor dicho, habló don Juan. Una mezcla de familiaridad, de candidez y de grosería, que al principio de tratarle no era muy agradable, demostraban lo muy plebeyo de su carácter.

Al cabo de cierto tiempo se llenó el cuarto de tal manera de humo de tabaco, que comenzaron a picarle a Alvarito los ojos.

Mientras tanto, el clérigo hablaba sin parar. Había pensado componer un poema con la vida de Cabrera, pero no sabía cuándo lo comenzaría. Sentía gran entusiasmo por el caudillo tortosino y a todos los actos del cabecilla quería darles aire mesiánico y simbólico.

Don Juan Juvenal se explicaba, sin duda, con mucho ingenio, citaba con frecuencia en latín y tenía una gran admiración embozada por el gongorismo, admiración que disimulaba como si le produjera risa. Era un retórico y un dialéctico, lleno de argucias y de malicia conceptuosa.