Después de decir esto, la señorita de Taboada se reunía con Sonia y con la señora de Vargas, y las tres se metían en un grupo de carlistas.
Unas semanas después se dijo, con relación a la señorita de Taboada, que iba a entrar en un convento de Carmelitas, de Bayona. Se había hablado antes de que María iba a casarse con el general don Bruno Villarreal. Se suponía que Villarreal aceptaría el convenio de Vergara; pero no lo aceptó y se quedó sin ningún destino.
Villarreal estaba tísico y tenía vómitos de sangre, lo que no le impidió vivir bastante tiempo.
María de Taboada no quería un marido enfermo y se metía monja.
El odio de las tres mujeres contra Aviraneta sirvió de pasto a la conversación en casa de Madama Lissagaray. Se sabía que María Luisa había colaborado con Aviraneta en sus intrigas y se suponía que estaba descontenta. De Sonia Volkonsky se sospechaba que su hostilidad provenía del asunto del caballero de Montgaillard, que seguía preso, y con relación a la señora de Vargas, se pensaba que la causa del odio debía ser muy antigua.
III
AVIRANETA Y MERINO
El señor Sánchez de Mendoza, que tuvo por la mañana la sorpresa de oír el exabrupto de María de Taboada a Aviraneta, escuchó por la noche una conversación en la fonda de Francia, que le sumió en el colmo del estupor.
Había ido Sánchez de Mendoza por la tarde a visitar al ex ministro carlista Cabañas, su antiguo jefe en las oficinas del Real, quien le convidó a cenar. Don Francisco Xavier escuchó las opiniones del ex ministro con gran atención y recogió sus confidencias en su pecho como en un vaso sagrado.
Al terminar la cena, Cabañas dijo a Sánchez de Mendoza: