—¿Qué haces aquí, si se puede saber? —preguntó don Jerónimo.
—Veo lo que pasa.
—¿Y qué te parece?
—¡Qué me va a parecer! Bien. ¿Y a usted?
—A mí, mal. ¿Sigues siendo revolucionario?
—Sí. ¿Usted sigue siendo servil?
—¡Servil! Nunca lo he sido.
—Cierto; fue usted liberal en algún tiempo.
—No es verdad.
—A mí me habló usted en Madrid, hace veinticinco años, de trabajar por la Constitución.