—¿Y eso qué importa?
—Nada; a mí, nada; pero me da risa y tristeza.
—Todo eso está en la significación —arguyó Merino—. ¿A mí qué me importa de quién es hijo Carlos V? ¿Es que hay alguna diferencia entre una bandera roja, una negra y otra blanca, que la que le da el teñido? El pedazo de algodón o de hilo es igual y, sin embargo, los unos nos agrupamos alrededor de una y morimos por ella, y los otros también. Esa bandera es la idea. Me extraña que no lo comprendas.
—Sí, lo comprendo, lo comprendo. Una cosa tan estúpida y tan bestia como esta guerra tiene que tener una razón.
—¿A ti te parece estúpida y bestia?
—Completamente.
—¿Solo por nuestra parte?
—No, por las dos partes. Los unos y los otros han hecho mil bestialidades y mil torpezas.
—Los liberales las han hecho mayores.
—Y ustedes también.