—No, señor; yo vengo de camino.
—¿De dónde viene usted, si se puede saber?
—Vengo de Francia.
—De Francia; ¡qué lejos!
—Sí; ¿usted ha sido guerrillero?
—Sí, señor; yo he sido soldado de Palillos.
—¿Palillos, dice usted? —exclamó Alvarito—. No he oído hablar nunca de él.
—¿No ha oído hablar de Palillos?
—No.
El ciego saludador comenzó a comer el queso y el pan que le trajo la posadera, cortándolos con una navaja en pedazos pequeños.