—La fe es lo que salva —contestó aquel hombre que no creía en nada.
—¿Y cómo ha comprendido usted su virtud de saludador? —le volvió a preguntar Alvarito.
—Porque me lo han dicho.
—¿Y en qué lo han conocido?
—Me han asegurado que yo soy de los pocos que tienen la rueda de Santa Catalina en el paladar.
—¿Y qué es la rueda de Santa Catalina?
El ex guerrillero no contestó a este punto; luego dijo:
—Algunas gentes comprenden quienes son saludadores y quienes no.
—¿Cómo?
—No sé. Yo dicen que sirvo para saludador. Mi abuelo fue zahorí, y con la vara de avellano, terminada en una horquilla, indicaba dónde se debía cavar para encontrar agua, o minerales ricos, debajo de la tierra.