—¿Y cómo sabía eso?
—Porque las dos ramas de la horquilla se torcían cuando la vara se encontraba cerca del agua o del mineral.
—¿Y usted lo vio?
—Yo, no señor.
—¿Y usted no sirve para zahorí?
—Yo, no.
—¿Y, en cambio, sirve usted para saludador?
—Eso dicen: que tengo mucha virtud.
—¿Y qué hace usted? ¿Cómo cura usted el ganado?
—Unas veces, soplando; otras, recitando oraciones en latín.