Pedro tuvo éxito, se casó con la chica y se la llevó a Teruel, donde consiguió un pequeño destino.

Quedó en el pueblo Antón exasperado, humillado, sin saber qué resolución tomar. La guerra estaba terminando. Algunos jóvenes se alistaban en la partida de Vicente Herrero, el Organista, natural de Gea de Albarracín, cabecilla latro-faccioso, muy relajado de costumbres. En esta partida abundaban los granujas.

Antón se decidió, supo que Herrero se hallaba en Cañete, se presentó a él y le hicieron teniente.

Seguía el odio de los dos hermanos. Pedro, alistado en la milicia nacional turolense, se distinguía por su entusiasmo liberal. Antón alardeaba de su carlismo.

Un día, Antón supo que Pedro había ido a Albarracín a ver al abuelo a comunicarle que tenía un hijo. Inmediatamente el oficial carlista salió de Cañete con ocho de los suyos, esperó a su hermano en una de las hoces del río, lo cogió y lo fusiló con los que le acompañaban.

VI

EL CAMPO

Por entonces, en casa del general Navarro, Alvarito conoció a un profesor del Instituto de Teruel. El profesor pasaba en Albarracín las vacaciones de Semana Santa. Era botánico, cazador, bibliófilo y principalmente hombre de gran curiosidad por todo cuanto fuese del dominio de las ciencias naturales.

El señor Golfín, hombre moreno, atezado, de barba negra y anteojos, se hallaba curtido por el sol y el aire. Conocía la flora y la fauna del país admirablemente, aunque según su opinión no la conocía bastante bien.

El señor Golfín le invitó a Alvarito a hacer excursiones en su compañía. Cuando finalizara la Semana Santa marcharían los dos a Teruel.