Don Jerónimo apuntaba sus observaciones diarias en un libro antiguo.

Día 25 de marzo: Viento flojo del NE. Buen tiempo.

Esto creía que en el porvenir tendría un gran interés.

El tío Jerónimo aseguró a Alvarito en serio que alguna vez publicaría él sus estudios astronómicos, su teoría acerca del universo y acerca de la electricidad celeste y de los fluidos magnéticos, para dar en la cabeza a ciertas gentes presumidas.

Aquellas frases de la electricidad celeste y los fluidos magnéticos le encantaban, le daban sin duda una impresión vaga, poética.

La electricidad celeste y los fluidos magnéticos eran, según él, la causa de muchas cosas inexplicables. Hablaba de la electricidad celeste y de los fluidos como de personas de la familia. La electricidad celeste subía; el fluido magnético bajaba, se combinaba con el oxígeno o con el nitrógeno de la atmósfera; lo mismo le daba. La tal electricidad y los tales fluidos tenían un extraño dramatismo, que don Jerónimo manifestaba con sus gestos y sus ademanes.

Él notaba la fuerza de los fluidos en todo: en las estrellas, en los relojes de sol, en las veletas de cartón y en los molinos de papel. De cuando en cuando, don Jerónimo echaba una cometa al aire y con esto adquiría nuevos datos para el estudio de la electricidad celeste y de los fluidos magnéticos.

—Hoy tiene mucha fuerza el fluido —decía seriamente.

—¿Y en qué lo nota usted? —le había preguntado alguno entre cándido y burlón.

—Lo noto en todo —contestaba él categóricamente.