—El Cantarero de Beteta es un hombre ya viejo que no piensa más que en reunir dinero; el Navarrito es hombre muy violento y que mató a su hermano; el Adelantado se caracteriza por ser muy mujeriego y andar siempre de zambra en zambra. Los demás guerrilleros son gentes dignas de estos jefes; ladrones, asesinos; algunos muy conocidos por sus fechorías. Entre ellos están el Pastor, el Veneno, el Bizco, Caparrota, la Rosa, el Baulero, el Aperador, el Garboso, Chispilla y algunos más.

—Gente distinguida.

—Son todos ellos de una violencia y de una crueldad terrible; dignos del patio de un presidio. El Garboso, el Pastor y el Veneno llevaron, no hace mucho, a un pobre viejo nacional, pegándole y pinchándole en la plaza de un pueblo y le hicieron arrodillarse y poner el cuello en un tajo. El viejo era valiente y gritó: ¡Viva la nación! ¡Viva la libertad! El Garboso le cortó la cabeza a hachazos.

—¡Qué barbaridad!

—Fue un espectáculo repugnante. En esta partida del Cantarero, que tiene su punto de refugio en Beteta, hay varias mujeres, cosa no muy común en esta guerra.

—Sí, es verdad; no se ha hablado de guerrilleras.

—En cambio, como sabe usted seguramente, las mujeres tomaron parte muy importante en la guerra de la Independencia.

—¿Y usted cree que ha sido una ventaja grande?

—Grandísima, porque de haber intervenido ellas, la guerra hubiera tomado aún mayor ferocidad. Hay varias mujeres en la partida del Cantarero, entre ellas Juana la Pintada, Vicenta Serra y la principal, la que las capitanea a todas, la Rubia de Masegosa. La Rubia es la querida del Adelantado. Esta Rubia tiene una idea romancesca y le gusta montar a caballo y tomar aires de amazona. Es una mujer que no es fea, tiene la tez blanca, la boca pequeña, los ojos de almendra y el pelo negro. Yo la he visto. Cuando se enfurece se le crispa el labio y muestra un colmillo blanco, con una fiereza de animal rabioso. Llama cobardes a todos y quiere ver derramar sangre. Cuando el Garboso y el Pastor decapitaron al viejo nacional, se sortearon entre todos para ser verdugos y, al parecer, la Rubia entró en el sorteo, porque se consideraba con fuerza bastante para cortar la cabeza de un hombre con un hacha.

—¡Qué bestia!