El señor Silhouette le dio una recomendación para el cura de Sara, y Max Castegnaux dijo a Alvarito que en el ejército carlista había un pariente suyo, y también de Chipiteguy, llamado René Lacour. René había estado de oficial de Ingenieros con Zumalacárregui y servía en el batallón llamado Requeté. Por entonces debía de ser capitán, si no tenía mayor graduación.
La señora Lissagaray y Rosa advirtieron a Alvarito que hacía mal en marchar a España y en exponerse a los mil peligros de la guerra, porque él no tenía la culpa de que el viejo Chipiteguy se metiera en asuntos difíciles y poco honrados.
Alvarito vacilaba; pero la idea de servir a Manón le daba nuevos impulsos.
—Nada, yo te acompaño —dijo Manón.
—¿De verdad?
—Y tan de verdad. No es broma, ni mucho menos. Yo no voy a bromear con una cosa que tanto me interesa; es un proyecto serio y firme.
—Eso es un disparate, un puro disparate —exclamó la andre Mari al saber la idea.
—¿Por qué?
—Porque sí. Es indudable que es comprometido y peligroso el que una muchacha joven y no mal parecida entre en la zona de la guerra, que, como se sabe, es un teatro de violencias.
—Bueno; me vestiré de chico.