—¿Con sombrero ancho?
—Sí.
—¿Y a ese le llamaban el maestro?
—Sí.
—Pues es el verdugo.
Alvarito dio un salto al oírlo.
Iba a ir a casa del Caballero, pero pensó si sería mejor dejar la visita. Por otra parte tenía gran curiosidad. ¿Quién podía ser aquel hombre, rico y culto, que hablaba como un filántropo y tenía amistad con el verdugo? ¿Qué clase de tipo podía ser aquel, que manifestaba simpatía y cordialidad por un ser envilecido?
Aunque quizá no era muy correcto, decidió enterarse y fue a los alrededores de la casa del Caballero, que estaba en el monte de la Alhambra, hacia el paseo de la Bomba. Entró en una cueva próxima. A un gitano, sucio y mal encarado, le preguntó:
—Diga usted, ¿en esta casa vive un extranjero?
—¿Extranjero? No sé si lo é. Ahí vive un zeñó rico, que tiene mucha afisión a los chavaliyo.