—No se le olvide.

No tenga uté cuidao. Yo, cuando me pongo a zervir, me tiro de cabesa.

La frase hizo reír a Alvarito. Bajó con el carabinero a la cantina, estuvo charlando con él, hasta que le llamó el campesino. Habían arreglado el coche. Subió a la carretera con dos carabineros y tomó de nuevo el camino de Málaga.

Eso carabinero son muy tuno —le dijo el cochero riendo.

—Pues ¿por qué?

—Que etaban hasiendo un alijo de tabaco de contrabando con el vito bueno de lo carabinero cuando usted se ha plantao presisamente en el sitio desde donde se veía to. Han debido etar al principio muy amocaos al verle.

—Tiene gracia.

Con mucho retraso y ya entrada la noche pudo llegar Alvarito a Málaga.

Al día siguiente marchó al puerto a enterarse. No había ningún barco que fuese al Cantábrico o a Burdeos. Le dijeron que para hacer el viaje por mar sería mejor trasladarse a Cádiz y esperar allí a ver si encontraba algún vapor que saliera en la dirección deseada.

Como veía la cosa difícil y estaba cansado de tener iniciativa, se decidió ir a Madrid en diligencia.