El barítono Campana se hizo amigo de Alvarito. Campana era un cantante que cumplía siempre y que trabajaba a gusto.
—Es lo que nos pasa a los medianos —decía él—, tenemos en general la seriedad y la puntualidad que no tienen los ilustres.
Álvaro fue varias veces a la ópera a oírle.
El barítono Campana conocía al caballero Aquiles Ronchi, uno de los amigos y confidentes de la reina María Cristina. Campana le dijo a Alvarito que le llevaría a casa de Ronchi.
Efectivamente, fueron los dos a visitarle. Ronchi vivía en la plaza de Oriente. Estaba muy rico. La dirección de las Loterías y la protección decidida de María Cristina, le habían llevado a la opulencia.
Alvarito se quedó sorprendido con la exuberancia y la facundia del napolitano. Hablaba una mezcla de castellano, francés e italiano muy cómica. Estaba vestido de comendador de una Orden napolitana, parecía un cochero de casa grande. En aquel momento salía para Palacio.
Ronchi, le conocía mucho a Aviraneta.
Cuando le dijo Álvaro que veía a don Eugenio en Bayona todos los días, el italiano se alegró.
—¿Que fa nosso amico Afiranetta? —le preguntó al joven.
—Está allí, en Bayona.